Dolor

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Cuando el mundo me supera, cuando el impacto de los golpes me derriba, cuando me arrastro dejando un reguero de sangre, agotada por el esfuerzo, vencida por mis enemigos, atenazada por mis fantasmas, sin saber dónde me encuentro, a dónde ir, o si merece la pena ir, te miro desde el fondo de mi abismo. Te miro sin formular ninguna palabra. No hace falta. Sabes lo que necesito. Dolor.

Dolor de la cera que sella las heridas como la pólvora. Dolor del fuego que arrasa las malas hierbas, las semillas que no fructifican, la casa de paja. Dolor del fuego que me calcina para resurgir de entre las cenizas. Dolor del fuego que me nutre como a una llama.

Dolor de los azotes que quiebran la armadura. Dolor de las uñas que resquebrajan la máscara. Dolor que rompe la presa permitiéndome fluir como un río que reclama su cauce. Dolor que lacera la piel para que mude con la fruta del pecado entre mis muslos. Dolor de tus mordiscos mientras te alimentas, hasta que solo soy pulpa.

Dolor del roce del cáñamo, de la suavidad de la seda, de su opresión en los miembros. Dolor de saberme indefensa a merced de mi captor. Dolor que me libera en la atadura. Dolor que me reinventa al conformarme. Dolor tras el que muto dentro de una crisálida suspendida en una telaraña.

Dolor de la opresión de tus manos en mi cuello. Dolor de la asfixia hasta que el mundo desaparece. Dolor al recuperar el aliento como un pez fuera del agua. Dolor al sumergirme una y otra vez en el silencio. Dolor al regresar envuelta en un estallido de luz.

Dolor. El dolor de perderme para encontrarme. El dolor de morir para renacer. El dolor de despojarme de todo lo que creo que soy para abrazar lo que realmente soy. Dolor. Mi dolor. Mi dolor, sí, para liberarme del dolor de otros.

Cuando el mundo me supera, cuando el impacto de los golpes me derriba, cuando me arrastro dejando un reguero de sangre, agotada por el esfuerzo, vencida por mis enemigos, atenazada por mis fantasmas, sin saber dónde me encuentro; a dónde ir o si merece la pena ir, te miro desde el fondo de mi abismo. Te miro sin formular ninguna palabra. No hace falta. Sabes lo que necesito. Dolor. El dolor del placer.

Y Tú me lo concedes.

Autor entrada: Miguel Ramírez

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