Cómo disfrutar del Trono de la Reina o Facesitting

Una práctica sexual que se remonta al medievo, época en la que los pajes satisfacían a las damas con un cunnilingus mientras sus maridos estaban ausentes, llegando a construirse sillas con un hueco en el asiento para que pudieran sentarse cómodamente y abandonarse al placer.

Pero el Facesitting no es recibir de un modo pasivo un cunnilingus, sino asumir un rol totalmente activo. Es masturbarse contra la boca, la nariz, la barbilla del amante controlando el ritmo y la intensidad… Es disfrutar del placer de la dominación y del orgasmo sin correspondencia.

Trono de la Reina en el BDSM

El Trono de la Reina es una de las prácticas de dominación femenina en el  BDSM. El/la sumiso/a, al igual que el paje en el medievo, es un/a sirviente/a. Todo su rostro es un instrumento para el placer. En esencia, la dómina frota su vulva contra la cara de su amante o aprisiona su cabeza con los muslos para que le haga un cunnilingus. Pero es mucho más que eso…

La hipoxifilia o asfixia erótica cobra un gran protagonismo. Una de sus variantes es sentarse sobre la cara del amante asfixiándolo con el peso de su cuerpo y su sexo. Este experimentará un gran placer al sentirse dominado y privado de oxígeno. Pero esta práctica sexual ES PELIGROSA. Si no sabemos realizarla nuestro amante puede perder la conciencia, sufrir daños cerebrales y tener un fallo cardiaco. Por ello, en este reportaje hablaré de cómo disfrutar de esta técnica en el sexo.

Trono de la Reina en el sexo

En el Facesitting, la mujer tiene el poder. Puede controlar la intensidad, la velocidad y el ritmo de la masturbación;  decidir qué parte de su vulva será estimulada y con qué;  guiar con sus manos la cabeza de su amante acompasando los movimientos pélvicos, hasta que el orgasmo la invada.

Hay posturas más idóneas según el sexo oral que deseemos recibir. En todas ellas, la persona que lo proporciona se tumba boca arriba, en el suelo, la cama o el sofá. La mujer se pone encima de su cara, con un pie o rodilla a cada lado de su cabeza, mirando hacia esta o hacia los pies, dependiendo de la zona que quiera que le estimulen, y bajará hasta dejar la vulva a la altura de la boca.

Si se coloca mirando hacia sus pies, será más fácil la penetración del ano con la nariz; si se coloca mirando hacia su cara, será más sencillo recibir un beso negro y masturbarse el clítoris con la nariz. En ambas, la vagina quedará a merced de la lengua.

Si deseamos acentuar el poder de la dominación/sumisión, la postura ideal es de pie, de cara o de espaldas a nuestro amante que recibirá nuestra vulva arrodillado para rendir pleitesía a su reina. Delicioso… ¿no crees?

Autor entrada: Miguel Ramírez

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