Noche de copas

Sé que muchos de ustedes cuando eran pequeños, se escondían detrás de las paredes para escuchar esas conversaciones de adultos. Una noche, mi tío estaba reunido con sus amigos y entre risas lo escuche decir a uno de ellos:“es que el alcohol hace su trabajo”. Inmediatamente todos empezaron a reír; supongo que mi tío contaba una de sus tantas historias graciosas para entretener a la audiencia.
Esta frase la entendí muchos años después, cuando pase por una noche de copas ¡y besé al chico más feo de la fiesta! Estoy segura que unos cuantos de los que me están leyendo, han cometido una locura por culpa del alcohol y les confieso que ¡no hay nada peor que tener un ratón moral!

 

Era viernes y había sido un día duro en la oficina, así que mis compañeros y yo decidimos ir a la licorería más cercana, comprar el apreciado souvenir, e irnos a beber un poco en casa de Daniel. Ese día tenían una cita para ir al cine con un chico que me cortejaba desde hace unos meses, pero entre trago y trago, se me había olvidado por completo el compromiso. Pablo (mi cita); me llamó para pasarme buscando por la casa, así que le dije que mejor se llegara hasta la fiesta y de allí salíamos.
¡A mí no me gustaba para nada el chico!, pero había insistido tanto en salir, que al final le dije que sí; pero había un detalle importante: ya estaba bastante pasada de tragos cuando llegó a la reunión. Pasaron horas, bailamos, reímos y con Ron en mi cabeza pues todo era un paraíso, ¡yo sentía que estaba con Brad Pitt! Terminamos besándonos en un rincón de la sala….creo recordar que le decía: “tú si eres lindo vale” y beso y beso y beso…..
¡No sé en qué momento mi conciencia alcoholizada entro en razón! Decidí llamar a Carolina y Daniela para que me llevaran a casa; porque Pablo muy emocionado y coronado, se había ofrecido a llevarme a mi hermoso aposento y la verdad; es que no quería estar más tiempo con él, estaba demasiado ebria y no quería llevar las cosas a mayores.
Mi adorada Daniela llegó y me rescató, no sin antes regañarme y decirme: “¿Qué carrizo tomaste?, ¡ese tipo con el que te besabas era horrible! No sabía eso de ti, ¡si estabas tan urgida, por lo menos te prestaba a mi hermano que bastantes ganas te tiene y por lo menos esta chevre!” Lo único que le pude responder fue: “Cállate y llévame a casa, no puedo con mi alma” Al fondo escuchaba a Carolina reírse por mi estado de ebriedad. Eran las 1 de la madrugada y estaba bebiendo desde las 5 de la tarde.
Me desperté al día siguiente con una jaqueca horrible, y cuando pude entrar en razón, revisé mi celular y noté que tenía varios mensajes de Pablo diciéndome: “que rico besas, espero se repita”, en ese momento mi cabeza empezó a dar vueltas y empecé a recordar. “¡Por dios! ¿Cuánto bebí?, ¿Qué hice? ¡Asco, no bebo más!” Pablo me llamó por las siguientes 2 semanas, y después de inventarle miles de escusas para no salir con él, tuvo la dignidad de dejar de llamarme.
Pero no todas las historias terminan en un par de besos, la noche de copas de Verónica fue más allá. Ella de vez en cuando sale con su peluquero Francisco y su grupo de amigos. Una noche decidieron ir a un reconocido club ambiente, y eso fue solo el principio de un crepúsculo de alcohol, sexo y locura.
“Después de horas bebiendo cocteles y bailando música electrónica, decidimos irnos para pasar la noche en el apartamento de Natasha. Todos estábamos completamente ebrios, y como la gente con alcohol no es gente; a Miguel se le ocurrió jugar “la botellita”. La diferencia de esta típico juego, era que las penitencias consistían en quitarse le ropa
Prenda a prenda quedó tatuada desordenadamente en esa sala alfombrada donde nos encontrábamos. En cuestión de minutos, todos quedamos desnudos y para ir más allá, no se nos ocurrió otra cosas que ponernos creativos…. La penitencia siguiente: imitar movimientos sexuales con nuestro cuerpo……”
 
La noche transcurrió entre movimientos, formas, sabores y contorciones. Unos contra otros dejaron penetrar sus cuerpos y sus más oscuros deseos.
La mañana siguiente un rayo de sol despertó a Verónica para darse cuenta que yacía al lado de Natacha y Miguel en una habitación.
Después de aquella peculiar velada, Verónica no volvió a ir a la peluquería de Francisco, su cabello pasó a ser moldeado por otras manos, y así de cierta forma, poder olvidar lo que fue esculpido una noche cubierta de licor y cómplices
Tequila, vodka, whisky, ginebra, ron, vino, cerveza….hay miles de tragos que nos han hecho perder los estribos. ¿Y tú, has cometido una locura por culpa del alcohol?

Autor entrada: Miguel Ramírez

Miguel Ramírez

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