¡Lázaro levántate y anda!

¡Firme, parado, erecto, duro, erguido, levantado, tieso, derecho, vertical, elevado,  listo y preparado para la batalla en la cama! Son muchos los adjetivos calificativos que se le pueden dar a la testa inferior del hombre (con la que piensan la mayoría de las veces) cuando se van a ese combate exquisito que sucede en las sábanas
Las mujeres solo necesitamos estar empapadas de deseo para recibir a nuestro soldado erecto, pero… cuando la criatura no responde, lo que provoca es gritar: ¡Lázaro levántate y anda!…anda pal……
La semana trascurrió entre reuniones de trabajo, desaciertos y aciertos, mucha lluvia y las acostumbradas colas de las “horas pico”. Así que Carolina, Daniela, Verónica y yo;  no esperábamos el momento de reunirnos en nuestro acostumbrado “jueves de chicas”.
Esa noche el elixir elegido fue el mojito; así que entre yerbabuena, azúcar, hielo y ron, desembarcamos nuestras historias. Esta vez eran  de terror, propias de Halloween; ya que nos acordamos entre risas; Aquellos episodios donde cundió el pánico porque…el caballero entre las piernas no se paró… frustración…¡crueldad en el cuarto!
Carolina se acomodó y nos comentó: “¡Chicas, la verdad, es que eso es lo peor que te puede pasar cuando tu cuerpo lo que quiere es que te den una revolcada pero de las buenas!
Un viernes, fin de mes, me quede tarde en la oficina porque debía entregar unos reportes contables… pasadas las nueve de la noche recibí la llamada de un ex, ¡sabes que ellos siempre son buenos para un buen polvo sin compromiso ja, ja, ja!
 
Me preguntó si estaba ocupada. Para mis adentros pensé: “este si me va a quitar el stress que tengo” Le dije que me pasara buscando en media hora por el trabajo.
 
Fuimos por unos tragos a la licorería más cercana, él tenía su cava y unos canapé en la camioneta… bebimos, reímos, y entre semáforo y semáforo nos besábamos con arrebato…mis manos manoseaban su miembro indicando que estaba lista para la pelea.
 
Recorrimos unos pocos kilómetros… pausados… calmados…mientras el manejaba, abrí mis piernas, recosté mi cuerpo hacia atrás y lo invite a explorar mi flor salvaje…una de sus manos bajó hasta mi vientre mientras con la otra sostenía el volante e intentaba manejar…estaba húmeda, excitada, lo invité a que recordara mi clítoris…mi cadera impulsada por mis deseos, se movía en un vaivén placentero.
 
Gemía y le decía sigue…muévete. Había segundos en el cual giraba mi rostro para que viera mi cara de satisfacción, se reía pícaramente y yo con mis labios entreabiertos lo invitaba a que sus dedos se siguieran moviendo, que no pararan, que siguieran entrando y saliendo como él sabía…que su dedo medio acariciara mis puntos, mientras su anular giraba en formas circulares dentro de mi…acariciaba mis senos, pellizcaba mis pezones y seguía abriendo mis piernas…al subir la mirada noté que íbamos a entrar al motel, así que David saco sus dedos de mi ser, los chupó y pagó el lugar.
 
Era mi turno de darle placer, debía demostrarle que estaba ardiente, caliente. Nos desvestimos velozmente mientras nos besábamos por todas partes. Era momento de explorar su falo, le bajé el interior y empecé a saborearlo, mi lengua recorría su glande…y allí, justo allí…¡empezó mi pesadilla! ¡No se levantaba el cabrón!
 
Después de varias lamidas, colocar mis pechos y hacerle la rusa, colocar mi trasero para ver si se animaba…¡ese hombre no se erguía! Empezó a masturbarse y a verme mientras me tocaba y ¡Nada! En mis intentos fallidos le dije: “¿Pero bueno qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Estás borracho? ¿Y entonces? ¿Por algo me llamaste no?
 
Con su cabeza baja… ¡Las dos! Me dijo: “Es que estoy tomando una medicina para la gripe debe ser eso” Amigas yo no soy doctora, pero esa vaina no baja el soldado, para mí que el hombre tenía problemas….
 
Pasada una hora me cansé…así que me tomé un trago y le dije que me llevara a mi casa porque estaba cansada….de verdad me dolía ya la mano y la lengua chicas…. El sin más remedió le tocó acceder ya era demasiado el ridículo que estaba haciendo.
Unos meses después me llamó para decirme que quería remendar las cosas y que me invitaba un fin de semana en la Colonia Tovar…¿y saben qué le dije: ¡No gracias estoy ocupada cariño! La verdad que no quería pasar otro chasco así”
 
Verónica se acomodó, cruzó sus delgadas piernas y dijo: “Amigas salud por esa noche de los muertos vivientes ja, ja, ja, ja”
 
Mientras repartía otra ronda de mojitos anuncié cual espectáculo circense mi historia, no sin antes tomarme un buen sorbo del néctar cubano.
¡Y es que resucitar a un muerto no es nada fácil! Las mujeres somos muy complejas, para no decir complicadas. Cuando el individuo en cuestión esta agachado, a uno se le pasan mil cosas por la mente.
Nuestro “Yo interior” parece una diva con baja autoestima, regañona y locuaz. En ese momento “ella” dice: “¿estoy gorda?, ¿no estoy sexy? ¿Se me nota la celulitis? ¿Está pensando en otra? ¡No lo excito! ¿Qué estoy haciendo mal? ¡Me veo ridícula con esta ropa interior! …y pare usted de contar…
¡Sin embargo la procesión se lleva adentro! Por fuera demostramos que todo está bajo control.
Leonardo y yo salíamos de vez cuando, yo sabía que cada vez que visitaba la ciudad, iba  a pasar una noche estacionada en su apartamento.
La velada transcurrió entre tintos. Las paredes estaban cubiertas por las melodías de B.B King, Natalie Cole, Ella Fitzgerald y Muddy Waters, me sentía sexy y cálida y él lo sabía, sabía cómo complacerme auditivamente y más….
Nos sentamos en el sofá. El cuero frío tocó la parte superior de mis muslos, sentí un escalofrío placentero, me sentí atrevida y coqueta. Ese día me había puesto un vestido muy corto con unos tacones rojos, quería seducirlo y lo logré. Decidí servirme una copa de vino para entrar más en calor, me levanté lentamente del sofá y caminé moviendo mis caderas hacia el bar, me serví una copa…fue el momento para sorprenderlo…
Tomé el iPod y coloque la canción “Dance for you” de Beyoncé…apague las luces, agarré un ventilador, lo encendí y lo puse en frente de mi…al aire movía mi cabellera, me sentía como una sirena nadando en aguas turbulentas… le di una copa de vino y una linterna que saque de la cartera…ya él sabría qué hacer con ella.
Empecé a bailar lentamente, mientras mi caballero me alumbraba  con el juguete que le di, me tocaba mis pechos suavemente, agachaba y subía mi cuerpo en formas contorneadas, balanceaba mi cabeza de tal forma,  que mi cabello parecía tener vida propia, el aire era mi aliado para seducir a mi hombre cual ninfa del bosque.
Me deshice de mis diminutas tangas y me acerque a su cuerpo…me senté de espaldas a él para danzar en su vientre…él podía oler mi sexo, tan cerca y ardiente…dejé que mis caderas se estremecieran en su miembro…tempestivamente me volteé hacia el para que pudiera ver lo segura y sexy que me sentía…bajé la cremallera de su pantalón con mis dientes y decidí que mi boca le dijera de cerquita cuanto lo deseo.
Estaba duro, no tan duro como solía, pero el trabajo se estaba haciendo… mi venus al descubierto en llamaradas, con un fuerte apetito de lujuria estaba preparada para el arrebato…Mis dedos le indicaron la ruta a la perdición, mientras lamía su miembro, arañaba su pecho indicando que estaba dispuesta a sus ganas.
Jugaba con mi cuerpo, colocaba sus dedos dentro de mí, mientras lamía sus jugos…pero la respuesta erecta que quería no se daba.
Me sentí contorsionista, exhibicionista, extendía mi pelvis de mil formas indicando a gritos que lo quería dentro de mi…pero nada…ese hombre estaba derrotado…
Le dije: ¿Qué te pasa mijo? ¡Lo único que falta es que le de choques eléctricos a tu amiguito! Leonardo no sabían que responder, se masturbaba como desesperado pero nada…..ese soldado ni siquiera llegó a la batalla… y ya mi manzanita se había cansado de la testarudez de su difunto sexo.
Yo quedé vestida y alborotada, lo que pensé que podría ser una buena noche de sexo, se convirtió en una terapia de reanimación.
Al día siguiente, en una llamada telefónica, Leonardo me confesó que esa noche estaba tan jalado que no hubo forma que se le parara, no quería que pensara que no lo excitaba. Menos mal que estoy segura que soy una tremenda mujer, en la cama y en la calle;  así que no me preocupe de mi sensualidad, lo que medio me sorprendió fue su confesión, yo lo sospechaba, pero afirmarlo de esa forma daño mucho su reputación.
Hubo un silencio en la sala después de mi confesión erótica y horrorosa. Daniela interrumpió el silencio acotando: “Ay no mujer, ese hombre perdió pero mal contigo, drogado e inservible, se perdieron esos reales”
 
¡Hombres del mundo, si aspiran mucho no tiran! ¿Qué prefieren?
Hay muchas razones para que el soldado no esté firme, sin embargo si esto persiste, es recomendable ir a un médico, para descartar si es emotivo o físico.
¡Y si van a perder algo…que sean los interiores y no la erección!

Autor entrada: Miguel Ramírez

Miguel Ramírez

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