¡Háblame sucio!

¡Dame duro, lo quiero todo para mí!, ¡Qué grande lo tienes y eso me excita! ¡Acábame en la boca! ¡Ahh Ahh! ¡Soy tu puta! ¡Pégame y dime maldita!.. Para nadie es un secreto que las palabras sucias pueden romper la monotonía en la cama y es una buena forma de salir de tu zona de confort sexual.
El sexo es un momento muy especial en donde los cuerpos son simplemente océanos de pasiones y siempre es bueno sumergirse.
Nuestro acostumbrado encuentro de chicas, fue nuevamente otra oportunidad para escuchar a Verónica y enterarnos de su más reciente affaire. Para ella, estar en la cama era el mejor escape que podía tener y  no tenía ningún problema en descubrir muchas salidas.
Fernando era su nueva conquista: abogado, italiano con buena posición económica y muy sexy. El pequeño problema era su vocabulario en la cama.
“Chicas, este chico en la cena fue todo un Don Juan, en mi experiencia, esta clase de hombres son un torbellino en la cama pero ¡vaya que me equivoque! Subimos a la habitación y después de besarnos apasionadamente, lamer mi clítoris en divinas formas geométricas y hacerme gemir y gemir, decidí hablarle de cerquita a su zona sur para que experimentara el placer.
 
Lo introduje en mi verbo, me excitaba escucharlo gemir y pedir más, esto me daba motivos para que mi lengua trazara un mapa entre la cima de su miembro y la raíz de su esencia. Me levante, me introduje en él y deje que mi vientre se expresara ferozmente. 

La película cambió cuando… ¡empezó a hablar como un bebé! me decía: ¿De quién es la cosita linda de papi? ¿A la niña le gusta la chupetica de papá? ¡Ven que papi te va a llevar a conocer muchos amiguitos! ¡Ven chiquita brinca con tu papá! ¿Nalgaditas para la niña?
 
¡Por Dios! No podía creer lo que escuchaba, pensé por unos instantes que estaba con un pedófilo, me desconcentraba, así que no tuve más remedio que decirle: ¡Cállate perro y dame con todo! No entendió, así que le puse la mano en su boca, conseguí mi orgasmo y me desparecí de su vida, no sin antes decirle: ¡soy una mujer que busca placer no caramelos!
 
¡Después de escuchar el cuento, todas nos reímos sin parar! A veces cuando un chico me ofrece un dulce, me acuerdo de Verónica.
Cuando jugamos entre las sábanas todo se vale y muchas veces las palabras son el elemento perfecto para excitarnos o salir corriendo del colchón. Nunca está de más pedir lo que se quiere y sin miedo, lamentablemente para Titi eso representaba un problema.
Ella trataba siempre de llamar la atención y que la vieran como una mujer conquistable, a pesar de haberle dado la bienvenida al cuarto cupón, ser divorciada y con hijos. Muchas veces le decíamos que tenía que ser más femenina ya que su altura, su cuerpo grueso y su desdén al hablar y caminar, alejaban a los hombres. Después de tomar nuestros consejos ha logrado tener sus aventuras, el detalle es que ella tiene una consigna muy particular.
 “Creo que no es obligatorio gritar en la cama, ¿por qué todos deben enterarse que estoy teniendo sexo? Esto es una cosa entre dos. Sé que mi ex esposo le molestaba porque era muy callada, siempre me decía que pareciera que lo hiciera con un muerto, no todos los hombres deben ser cómo el, ¿o sí?
 
Dejé de salir con Ignacio porque cada vez que estábamos en la cama me pedía que dijera: “soy su puta” ¡yo no soy puta! Luego me preguntaba si me gustaba fuerte o suave ya que no le decía nada. ¡Esto no es un examen, me molesta la preguntadera! Yo solamente dejo que el hombre tome el mando y gimo claro, no muy duro porque no me gusta”
 
Desinhibirse en la cama es lo máximo, sobre todo cuando estás clara de tu sexualidad y lo que puedes hacer y deshacer. Una mujer que sabe pedir conoce hasta donde es capaz de experimentar con el ser amado.
Un lunes feriado decidí sorprender a mi chico al despertarlo. Nada mejor que un “mañanero”.
Después de saludarlo saboreando su zona sur, me aventuré en cabalgar de espaldas sobre su desnudez, le exigía que me jalara el cabello y me apretara las nalgas, entre gemidos gritaba: “¡Dámelo todo que estoy muy mojada, que rico lo mueves, duro que soy tu hembra, hazme acabar una y otra vez!” Me encantaba ver su expresión de asombro y maldad carnal, sabía que su virilidad se ponía más fuerte.
Gire mis ganas para verlo de frente y deje que mi espalda se expresara en formas curvas mientras apretaba mis sábanas “¡Dios que rico, hazme acabar, me gusta cómo me das, más, más voy…ah….ah….si…. vente conmigo…si!
 
No tiene nada de malo dejarte llevar por tus sentidos y es una buena forma de decodificar a tu galán en la cama. Ese acuerdo de palabras es un pacto entre los dos.
Bien es sabido que las mujeres somos más ruidosas que los hombres, pero ¿sabías que los sonidos sexuales ayudan a la autoestima de tu pareja? Investigadores rusos descubrieron a través de una encuesta, que las mujeres hacen más ruido justo antes y durante el orgasmo,  esto es muy bueno ya que ayudan a los chicos a llegar al clímax y por ende, refuerza la idea de que los esfuerzos de tu pareja están funcionando y son apreciados.
¡Déjate llevar que será un secreto entre tú y él!

Autor entrada: Miguel Ramírez

Miguel Ramírez

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