A escondidas

Dicen que lo prohibido sabe mejor, es ese exquisito sabor que queda en el cuerpo y en el corazón, es sentir que estas comiendo esa fruta ilegal. El capricho dispone de tu conciencia y ya es demasiado tarde, cuando te das cuenta que estás rendida entre las sábanas de un amor clandestino que robó tu pudor y le dio la bienvenida al deseo.
Fue un jueves de chicas en donde tuvimos que subsistir a las penumbras de un mando que nos obligaba a estar a oscuras (nos quitaron la luz para variar…) Sin embargo, eso no impidió que en nuestro encuentro, no estuviese presente el vino y los relatos.
Rodeadas de velas e incienso para por lo menos hacer nuestro ágape más atractivo, hizo de la atmosfera un ambiente más confortable, era inevitable no pensar en lo que a escondidas se puede tener. De un suspiró y en un arrebato de entusiasmo exclamé: “Esto me recuerda a un amor clandestino que tuve hace unos años…
 
Definitivamente hay amores que nacen para ser clandestinos. Conocí a Leandro un lunes en la mañana, como todo inicio de semana en el trabajo, el corre corre no se hace esperar para poder llegar a esos rincones acostumbrados, donde las estadísticas de muertos eran la orden del día.
Con mis pies blindados de mis acostumbrados tacones y en pisadas continuas y rápidas, llegué al estudio preguntando a qué hora nos íbamos, ya que las pautas estaban a reventar. Y allí estaba él, sentado en su antipatía, airoso de su altivez que lo caracterizaba… nuestras miradas se cruzaron entre el descaro y la arrogancia… desde ese momento supe que iba a atravesar un laberinto de pasiones.
Al cabo de un tiempo estábamos enredados en nuestra querencia desenfrenada, escondidos entre nuestras obligaciones laborales,  buscando el tiempo para desahogar las ganas de que nuestros cuerpos se encontraran.

Era una tarde lluviosa, hacía tanto frío en la oficina que mi cuerpo reclamaba el calor de sus brazos, tenía urgencia de sus labios y ganas de su sexo, así que lo invite a la cabina de grabación para que juntos reprodujéramos nuestro afecto.
Lo sujeté de la camisa y suavemente lo arrastre a ese diminuto espacio ideal para dos.
Lo besé apasionadamente, mientras mis manos revoloteaban en su lisa cabellera, él me respondió con fulgor, mientras apretaba mis caderas con sus manos, le subí la camisa y acaricié sus pechos, pellizque sus tetillas y baje suavemente mis labios desde su boca y cuello, para recorrer con mi lengua sus bordes, saboreando su olor y su sudor.
Lentamente soltó cada uno de los botones que sujetaban mi blusa de seda, la tela acariciaba mi espalda, mi piel se erosionaba del pacer que me daba Leandro… mis pechos erectos reclamaban su presencia…
Mientras chupaba mi busto, me humedecía más y más y más…sus manos sabían perfectamente lo que me gustaba, su boca consumía mi pudor… le quité la camisa y arañé su pecho, mis manos describían en su espalda mi deseo y anhelo…luego me levantó, me empujó hacia la pared y me corrió mi tanga hacia un lado… mi venus vertía mi esencia.
El engranaje de su pantalón ya no debía estar allí, hurté las rudas telas y acaricie su miembro, lo expuse cerca de mi franqueza, quería que sintiera el calor que salía de ella…y así se introdujo en mi…mis muslos se sinceraron ante su grueso y grande falo… su lujuria me penetraba una y otra vez, ese exquisito vaivén que hacía explotar mi venus.
Me amarré a su cuello mientras mis piernas estaban entrelazadas en su cintura, que divino era sentir como me hacía suya. Me acercaba a su oído para que me escuchara gemir, le decía: que rico lo haces, me gustas, te deseo… ah…ah… ah…el suavemente sacudió mi cabello de mis sudada frente y agarro mi rostro…me miró fijamente…entre jadeos y susurros me confesaba que era suya, que lo volvía loco, que no podía contenerse, me declaraba una y otra vez que lo ponía duro…
Como una montaña rusa, subía y bajaba dentro de él, al principio lo hacíamos con meneos lentos, con movimientos apaciguados… luego tan rápido, que pareciera que nuestros cuerpos cabalgaban desenfrenadamente sobre un subi/baja…
Mi sexo endulzado de las mezclas de nuestros jugos, navegaba plácidamente dentro de su ser .La cabina estaba saturada de nuestro olor a sexo y de nuestros jadeos de placer…mi espalda salpicada de continuos arrebatos, frotaba la pared alfombrada una y otra vez, mientras mis pechos rebotaban al ritmo de su ganas.
Las gotas de sudor acariciaban mis curvas…ya estaba a punto de explotar, así que me abalancé hacia su pecho mientras nuestros cuerpos danzaban más fuertemente…escucharlo gemir me excitaba más, su transpiración rápida y constante me daba la advertencia que su orgasmo estaba en camino… abrazados como uno solo, y besándonos sin control, acelerábamos el ritmo…más…más…más… y de repente….ah…ah…ah…la convulsión llegó a mi vientre, esa muerte instantánea, ese destello de satisfacción, ese cosquilleo que anuncia que acabas de tocar el cielo…..nos miramos y expusimos esa sonrisa post orgásmica que cada uno conoce.
Nuestro romance duró unas cuantas estaciones. Por ser compañeros de trabajo, no podíamos manifestar que escondíamos mucho más que noticias. Cualquier rincón era propicio para dejar escapar nuestras ganas, entre la multitud nos manoseábamos, para él, cualquier instante era propicio para robarme un beso, para que no se dieran cuenta de lo nuestro, coqueteábamos entre extraños, era divertido saber que entre, pautas, grabaciones y carreras entre los pasillos, se escondía mucha seducción. Siempre existió ese deseo oculto, inconforme, invisible y que sin planearlo llegó a su fin, dejando ese sabor exquisito en nuestras memorias y una historia más que contar.
Fue clandestino, impuntual, inevitable, fugaz…pero placenteramente vivido.

Autor entrada: Miguel Ramírez

Miguel Ramírez

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